niños y guerra de banderas. Con2trompas

Y las niñas y los niños nos miran y toman nota

niños y guerra de banderas. Con2trompas

Son las grandes víctimas de todo conflicto. Violencia de género, guerras, migraciones o cualquier batalla personal en las que se les involucre. Los más débiles, los más vulnerables, los más maleables, las niñas y los niños que depositan en nuestras manos adultas lo más sagrado de la vida, el lugar a donde siempre se tendría que desear regresar, el periodo clave para convertirlos en adultos sanos y medianamente felices. Hablamos de la infancia, de esa etapa que debería ser Patrimonio de la Humanidad con todas las garantías de cuidado y de conservación.

El que unos profesores, nada menos que los guías fundamentales para dichas garantías, señalaran a jóvenes en una clase por ser hijos de la Guardia Civil me recordó a las viejas historias a la lumbre en las que los abuelos desgranaban capítulos similares por ser hijo de rojo. Con la cantidad de años que han mediado desde entonces, y qué poco hemos aprendido. Sobre todo teniendo en cuenta que hablamos de una sociedad democrática frente a otra que no lo era

Envuelven a niñas y niños en la guerra de banderas. Niñas y niños expuestos en multitudes que no sabemos cómo van a terminar y que en un segundo se pueden convertir en un polvorín, algo que contrasta con ese día a día en el que solemos ser tan rigurosamente rigurosos con su seguridad. Pero todo cambia cuando se trata de atrincherar posiciones, de exponerlos por la que creo que es mi verdad y mi derecho. ¿Y el de ellos?

¿Quién cuida de su seguridad? ¿Quién vela porque no lo discriminen por ser hijo o hija de? ¿Quién les explica que la ley es la ley y no hay doble rasero para solo cumplirla cuando me venga bien? ¿Quién les convence de que las palabras siempre han de ganar a la violencia? ¿Quién les protegerá para que su cerebro tan permeable no sea bombardeado con la consigna de Maquiavelo del fin justifica los medios? ¿Quién evitará que sean botín y munición para las batallas adultas? ¿Quién les enseñará que la objetividad y el espíritu crítico son clave para mirar hacia ambos lados de la calle y que no nos atropelle la sinrazón? Se supone que el Defensor del Menor. Pero, tal como está el patio, necesitamos una legión de defensores porque también son legión el número de madres, padres y profesores que nos sorprenden protagonizando tan triste dejación de funciones.

Mientras, las niñas y los niños que algún día serán los adultos del futuro nos miran y toman nota.

Marina IZQUIERDO

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