Amar al diablo

Su casa siempre huele a incienso y a aceites esenciales. Suena una música dulce y relajante y su perra pronto pasará a mejor vida, pero le hace las tardes más llevaderas. Me cuenta, en un rato de confidencias, que cometió el error de amar al mismo Diablo. Durante años le pegó. Durante años le pedía perdón para hacerse más fuerte y volver a golpearla, henchido de babas y bilis. Lo que más dolía era el alma… me cuenta…

Un día, 20 años después, vio el miedo y el odio en los ojos de su hijo pequeño. No pudo más. Salió con sus tres cachorros. Fuera del abrazo de sus padres. De las calles de su pueblo. De las sonrisas de sus vecinos que nunca intuyeron las lágrimas de sangre.

Sabe que si la encuentra su vida no vale nada. Y sonríe. Cada día.

8000 niñas al día sufren mutilación genital en su propia casa. Cada tres segundos una niña es obligada a casarse en algún lugar del mundo. Datos que revuelven cualquier estómago …

Son tiempos convulsos. Miles de personas viven, a diario, su guerra personal en casa. En manos de sus parejas. Y, sin importar el nivel social, económico y cultural, los cinturones listos para el combate diario estallan y lo destrozan todo.

Me gusta pensar que el amor todo lo puede. Me gusta pensar que la educación también.

Comparte esta entrada...
Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on TumblrShare on Google+

Comments

comments